Romance de la noche callada

Aquella noche serena
que pasamos junto al río
dejó en mi alma puñales
como claveles heridos.
La luna que nos miraba
bostezaba en el hastío
llena de amores fugaces,
llena de penas y ríos.
Tu cuerpo de luz y nacar
me envolvía urgido
y en el temblor de tus pechos
hallé calor y abrigo.
Te entregaste a mis manos
que recorrían tus caminos,
la oscuridad de la noche
cubría tu desvarío.
El resplandor de la luna
que contemplamos unidos
dejó en mi alma puñales
como claveles heridos.
Ay, cuánta noche callada,
ay, cuánto amor escondido,
ay cuánta luna oscurece
el triste semblante mío.

luis david

Remedio Casero

Para curar una desilusión,
tome todas las que encuentre en la cava
y sepárelas por antigüedad.
Deseche las muy viejas,
que deben estar llenas de polvo y telarañas,
(ya ni quién se acuerde ellas),
y concéntrese en las nuevas.

Cuando haya elegido
un desengaño fresco y jugoso,
pártalo en trozos pequeños y póngalos,
sobre una cama de hierbabuena recién cortada,
en un recipiente de barro negro de Oaxaca,
cúbralos con jugo de naranja agria
y deje marinar toda una noche
a la luz de la luna llena que se filtre
por la ventana entreabierta.

Al día siguiente, muy de mañana
y antes de que levante el sol,
acomode las piezas en una marmita de cobre,
(esto es muy importante por las propiedades
depurativas del metal),
agregue un vaso de vinagre balsámico,
una taza de infusión de camomila,
unas gotitas de jugo de limón
y salpimiente al gusto.

Cueza a fuego muy lento
durante dos días con sus noches
asegurándose de renovar los líquidos
conforme se vayan consumiendo.
Enfríe y destile el caldo resultante
en un alambique nuevo y deseche el bagazo.
Vierta la esencia destilada
en una pequeña barrica de roble blanco
y deje añejar en el olvido
por años y felices días.

luis david

 

BIP

bip

A Marcel Marceau (1923 – 2007)
In Memoriam

El silencio se apodera de mis sueños.
La mañana estaba llena de presagios
ominosos, contundentes: solitarios
estallidos de dolor en el sendero.

Una estrella de la noche del estero
es la luz que ilumina el escenario
ya vacío, olvidado, innecesario,
donde moran los silencios embusteros.

Un sin fin de mariposas y palomas
se desprenden de tus manos apagadas
y aletean en las ráfagas del viento

que se llena de fantásticos aromas
arrastrando de regiones olvidadas
el sonido de las voces del silencio.

viñeta: Gerardo Ma. Aguilar Tagle «Tlacuiloco»
soneto: luis david

CREDO

Creo en las noches de la montaña,

en la negra inmensidad de los cielos
y en las constelaciones eternas
que me contemplan impasibles e indiferentes.

Creo en los vientos y en las marejadas

que escriben la historia de mis litorales
y en el ocaso de las edades y los tiempos
que se ocultan en los calendarios de piedra
de mis antepasados.

Creo en el sol que aparece todas las mañanas
tras las cortinas de mi habitación
y en la luz que me despierta a tu lado.

Creo en tus ojos y en tu boca,
en el calor de tu cuerpo adormecido,
en el reflejo olivaceo de tu mirada
y en el temblor tibio de tu pecho.

Creo en tus pasos y en tus palabras,
en el sonido de tu respiración
y en las voces eternas de la soledad
que me acompaña.

luis david