mueve las hojas
de los árboles.
Cuando el tigre acecha
la selva calla.
luis david
luis david
luis david
Cuando haya elegido
un desengaño fresco y jugoso,
pártalo en trozos pequeños y póngalos,
sobre una cama de hierbabuena recién cortada,
en un recipiente de barro negro de Oaxaca,
cúbralos con jugo de naranja agria
y deje marinar toda una noche
a la luz de la luna llena que se filtre
por la ventana entreabierta.
Al día siguiente, muy de mañana
y antes de que levante el sol,
acomode las piezas en una marmita de cobre,
(esto es muy importante por las propiedades
depurativas del metal),
agregue un vaso de vinagre balsámico,
una taza de infusión de camomila,
unas gotitas de jugo de limón
y salpimiente al gusto.
Cueza a fuego muy lento
durante dos días con sus noches
asegurándose de renovar los líquidos
conforme se vayan consumiendo.
Enfríe y destile el caldo resultante
en un alambique nuevo y deseche el bagazo.
Vierta la esencia destilada
en una pequeña barrica de roble blanco
y deje añejar en el olvido
por años y felices días.
luis david

A Marcel Marceau (1923 – 2007)
In Memoriam
El silencio se apodera de mis sueños.
La mañana estaba llena de presagios
ominosos, contundentes: solitarios
estallidos de dolor en el sendero.
Una estrella de la noche del estero
es la luz que ilumina el escenario
ya vacío, olvidado, innecesario,
donde moran los silencios embusteros.
Un sin fin de mariposas y palomas
se desprenden de tus manos apagadas
y aletean en las ráfagas del viento
que se llena de fantásticos aromas
arrastrando de regiones olvidadas
el sonido de las voces del silencio.
viñeta: Gerardo Ma. Aguilar Tagle «Tlacuiloco»
soneto: luis david
en la negra inmensidad de los cielos
y en las constelaciones eternas
que me contemplan impasibles e indiferentes.
Creo en los vientos y en las marejadas
luis david