Raíces

México es un lago de aguas serenas
que se mecen impulsadas por la fuerza
de los vientos de la montaña sagrada
de los pueblos del altiplano.
Es un campo sembrado de maíz y calabaza,
una fortaleza en los llanos del norte
y una serranía donde vagan libres los venados.

México es un recinto ceremonial
construido por gente de barro y piedra,
danzantes que serpentean
bajo las esculturas de los dioses milenarios,
pirámides que atestiguan los ritos sangrientos
de la resurrección del sol. sacrificios litúrgicos
que propician la vida y la fertilidad,
poemas de dolor, de agonía y desconsuelo.

México es el encuentro de un enjambre
de razas y lenguas, religiones ocultas,
guerras por los cielos y los infiernos,
multitudes aglomeradas en las plazas
para celebrar las fiestas propiciatorias
de la nacionalidad apremiante, fuegos pirotécnicos
que se queman en las noches de la unidad,
gritos en las calles y avenidas,
tragos de tequila y besos de mujer.

luis david

 

Sextina

A veces ya no sé ni qué hacer
por desembarazarme a tiempo de esta
maldita soledad llena de culpa
que causa mi delirio y que me hunde
al fondo de la vida con el negro
presagio obstinado de la muerte.

A veces he creido que la muerte
sería preferible a la culpa
de seguir vivo, atado a esta
estúpida nostalgia que me hunde.
No puedo ni pensar en qué hacer
para alejar de mí el sino negro.

A veces el futuro es tan negro
que siento que el destino se me hunde
en vorágines insaciables con esta
añoranza caprichosa de muerte
repentina, oscura, para hacer
más corto el suplicio de la culpa.

A veces me parece que la culpa
es mía, sólo mía, y la muerte
sería un refugio ante el negro
camino que se cierra y que se hunde
ante mis ojos. Cómo le voy a hacer
para zafarme a tiempo de ésta.

A veces siento que voy sólo en esta
terrible confusión, en este negro
batallar que me consume. La muerte,
presencia ominosa de la culpa,
me ronda y me acompaña para hacer
más lúgubre el silencio que me hunde.

A veces el desprecio que me hunde
anula mis esfuerzos ante el negro
propósito de ver aquí la muerte,
sentada a mi lado ante esta
herida complicada por la culpa,
… a veces ya no sé ni qué hacer.

¿Y cómo hacer para arrancarme esta
culpa que me arrastra y que me hunde
en el negro abismo de la muerte?

luis david

 

Letanía

Luz de sol, Luz de luna,
Luz de reflejos dorados,
Luz que ilumina los pasos
de mi alma sin fortuna.

Luz completa, Luz de día
Luz que mi cuerpo conoce,
oscuridad de mis noches,
paradoja de mi vida

Luz de fragancia temprana
Luz de mis ojos cansados,
Luz que adormece mis fados,
Alondra de la mañana,

Luz de mi alma robada,
alma de Luz encendida.
Luz de mi alma perdida,
alma de Luz olvidada.

luis david

 

Romance de la Luz y la Luna

Luz que se filtra a lo lejos
entre la fresca enramada
que se yergue majestuosa
en el patio de mi casa.
Luna que cubre los cielos
con feroces marejadas
de reflejos inquietantes
sobre la oscura montaña.
Luz de pálidos fulgores
que me han robado la calma,
ríos de luna que corren
por las espigas doradas,
olas de luz y de luna,
cabelleras nacaradas
de los trigales que mecen
los vientos de la cañada.


“Ay Luna de mi fortuna
que te llevaste mi alma,
cuando bajarás del cielo,
al umbral de mi ventana.”
“Nunca, desdichado amigo,
nunca en esta vida amarga
que haz de vivir muriendo
con un nudo en la garganta.”
“Ay Luz de mis ojos tristes
que te llevaste mi alma,
cuando volveré a verte
en la orilla de mi cama.”
“Nunca, desdichado amigo,
nunca en esta vida amarga
que haz de vivir muriendo
con un nudo en la garganta.”


Vago el camino sin rumbo,
perdida toda esperanza,
busco en la tierra una grieta
donde fijar mi morada;
vago perdido en el monte
verde de puro esmeralda,
vago el camino sin rumbo,
sin luna, sin luz, sin alma.

luis david

 

De Naufragios

Estoy perdido en el mar…
el inmenso mar que ruge a mis espaldas,
que destruye mis navíos con furia embravecida,
elevando mi embarcación ante los abismos infinitos
de aguas agitadas por vientos terminales,
maremotos de soledad envejecida,
rompiendo mis velas henchidas de muerte.

Estoy perdido en el mar…
el inmenso mar que arrastra mis redes rotas
hasta los acantilados remotos
donde habitan criaturas extrañas
que danzan entre los despojos y emergen presurosas
desde las profundidades heladas y oscuras
para participar en el festín de las piltrafas
inmersas en sus aguas turbulentas.

Estoy perdido en el mar…
el inmenso mar que lava mis heridas,
que alivia mis brazos cansados,
que me transporta en las crestas de sus olas violentas
y me arroja en las playas inaccesibles de mundos incógnitos
llenos de sombras atemorizantes
que me rodean y me palpan.

luis david

 

Sextina

Ayer reencontré mi vida toda
vagando en el lecho moribundo
de un río de recuerdos extraviados,
volátiles, eternos, suspendidos
entre la vida misma y la muerte.
Qué fácil es tener la fe perdida.

Y dando ya mi lucha por perdida,
fue inútil pretender así que toda
la brega de mi ente moribundo
hallase los esfuerzos extraviados,
y plena de alientos suspendidos
burlara los confines de la muerte.

Y al ver la cercanía de mi muerte,
teniendo la esperanza ya perdida,
lloré mi soledad, mi ansia toda,
mi íntimo despecho moribundo.
Los últimos deseos extraviados
resumen mis anhelos suspendidos.

Y así pasó el momento. Suspendidos
mis postreros ocasos por la muerte,
dejé de respirar, porque perdida
la confianza en mi fuerza, llegó toda
la ríspida inquietud del moribundo
de fríos estertores extraviados.

Los breves, fraternales, extraviados
instantes de arrebatos suspendidos
no alejan los dominios de la muerte
y muero de aflicción pues ya perdida
la gracia que bendice y brinda toda
la ruina de mi cuerpo moribundo,

suspiro en mi lecho, moribundo.
Empeño mis recuerdos extraviados,
y atado a mis afanes suspendidos
pretendo esconderme de la muerte,
pretendo rescatar la fe perdida,
pretendo revivir mi vida toda.

Suspendidos mis versos extraviados,
mi canto moribundo y mi muerte,
perdida ya está mi alma toda.

luis david

Te vi llegar como el viento

Te vi llegar como el viento,
impetuosa y violenta,
arrasando montes y valles,
derrumbando las murallas de mi deseo…
y me dejé arrastrar
en el vendaval de hojas secas
de los besos de tu boca,
y me dejé morir
en el desierto de arenas desnudas,
perdido en las dunas de tu cuerpo.

luis david

Los Peregrinos

Una barranca sin río
que parte en dos al monte
divide el horizonte
en maíz y caserío.

Por los terrosos caminos
cuajados de girasoles
van cantando los señores
las plegarias del domingo.

Ya se van los peregrinos
cargando ramos de flores
a contarle sus dolores
al Señor de Tepalcingo.

Los acompañan diez niños
que si se ven libres corren
a bañarse sin calzones
en las aguas del molino.

Ya tarde buscan un sitio
dónde encender los carbones
cuando el viento del norte
los va llenando de frío.

Con el canto de los grillos
se va pasando la noche
entre rezos y canciones
entre alcoholes y gritos.

Y los pobres pequeñitos
junto a sus padres se esconden
cuando los perros sin nombre
lloran su triste martirio.

Los despiertan con sus trinos
los pajaritos de bronce
cuando la luna se corre
de los campos matutinos.

Ya se van los peregrinos
cargando ramos de flores
a confiarle sus amores
al señor de Tepalcingo.

luis david