Arrullo

De las montañas azules,
desciende un caballero
recolectando dinero
para comprarle camisas,
dulces, juguetes, sonrisas,
al niño de mis amores.

Olvida ya mis dolores
y duérmete, pequeñito,
que mañana el solecito
calentará mis pesares
y encontraré los lugares
para curar mis desvelos.

Están en ti mis consuelos,
mis cantos, mis alegrías,
tú eres mi compañía
eres mi campo florido.
Mi corazón dolorido
sabrá llenarte de vida.

Duérmete cosa querida,
descansa porque mañana
entrará por la ventana
el caballero sonriente,
traerá comida caliente
al niño de mis amores.

luis david

 

Soneto sin musa

A Norma, por su bello poema

La musa se te va, amiga mía,
por ser una entidad muy caprichosa,
es ninfa juguetona y veleidosa,
que burla tu pasión con alegría.

La hoja de papel blanca y vacía
emerge como ruta peligrosa
que puede transformarse en cualquier cosa
que tienda a perpetuar tu agonía.

La chispa de tu ingenio la engatusa,
y busca seducir a tu problema.
Empiezas a crear, idea difusa,

te sientas a escribir sin mucho tema…
lo rico es que la ausencia de la musa
te pueda motivar un buen poema.

luis david

Soneto

El ritmo de tu cuerpo, amada mía,
florece entre mis manos anhelentes
que corren tus caminos delirantes
en busca de la frágil alegría.
La boca que te besa calmaría

sus ansias si tus besos susurrantes
llenaran los espacios mitigantes
del alma que se pierde en fantasías.

Tus piernas enredadas en mi alma
distraen la fortuna que me mata.
El dulce ronroneo de tu boca

trastorna mis sentidos, dicha loca,
revuelve pensamientos en la mata
de ensueño entre tus piernas que me calma.

luis david

 

BIP

bip

A Marcel Marceau (1923 – 2007)
In Memoriam

El silencio se apodera de mis sueños.
La mañana estaba llena de presagios
ominosos, contundentes: solitarios
estallidos de dolor en el sendero.

Una estrella de la noche del estero
es la luz que ilumina el escenario
ya vacío, olvidado, innecesario,
donde moran los silencios embusteros.

Un sin fin de mariposas y palomas
se desprenden de tus manos apagadas
y aletean en las ráfagas del viento

que se llena de fantásticos aromas
arrastrando de regiones olvidadas
el sonido de las voces del silencio.

viñeta: Gerardo Ma. Aguilar Tagle «Tlacuiloco»
soneto: luis david

CREDO

Creo en las noches de la montaña,

en la negra inmensidad de los cielos
y en las constelaciones eternas
que me contemplan impasibles e indiferentes.

Creo en los vientos y en las marejadas

que escriben la historia de mis litorales
y en el ocaso de las edades y los tiempos
que se ocultan en los calendarios de piedra
de mis antepasados.

Creo en el sol que aparece todas las mañanas
tras las cortinas de mi habitación
y en la luz que me despierta a tu lado.

Creo en tus ojos y en tu boca,
en el calor de tu cuerpo adormecido,
en el reflejo olivaceo de tu mirada
y en el temblor tibio de tu pecho.

Creo en tus pasos y en tus palabras,
en el sonido de tu respiración
y en las voces eternas de la soledad
que me acompaña.

luis david