Benditas sean las noches y los días
que pasas retozando en mi cama,
bendito el aroma de retama
que impregnas en mis sábanas vacías.
Bendita tu presencia, vida mía,
bendita la lujuria que derrama,
bendita sea tu boca cuando mama
la savia de mi loca fantasía.
Tus senos resplandecen a mi lado,
tus piernas anudadas al consuelo,
tus ojos iluminan el pasado
de besos y de cuerpos en el cielo.
Suspiro que en mi pecho alojado
bendice el infierno de mi celo.
luis david


