Amazing Grace

De tiempo atrás se dio en mi familia la costumbre de celebrar nuestras decenas a partir de los 50 años con una fiesta especial que nos reúna a todos. Qué mejor motivo que llegar a esa edad donde cruzamos la mitad del camino hacia nuestra propia inmortalidad. A partir de allí se vuelve una tradición sin par que nos da la oportunidad de reencontrarnos casi año con año, pues siempre hay alguno que llega una edad gloriosa.

Es algo más que una fiesta. Es un momento especial.

Y pues se dio así, entre el baile y la comida, que se nos hizo costumbre regalarle al festejado la sorpresa sin igual de cantarle a coro su canción favorita.

Ésta es la mía. Amazing Grace interpretada por el coro de los hermanos Contreras.

luis david


Vacaciones en Tijuana

Algunos recuerdos se vuelven permanentes de tan obsesivos. Los viajes que hacíamos Rosa Elena y yo a Tijuana, gracias al gran amor y a la enorme generosidad de Chata y Teresa, para conocer el mar y nadar en las aguas heladas del Pacífico de esas latitudes es una de las imágenes imborrables. Aún ahora, el olor de la carne asada me transporta a esas playas rectas de olas infranqueables que nos hacían cruzar la frontera sin saberlo. 

 
Las compras en el Calimax y los tacos de birria con tejuino se han convertido en uno de esos momentos que apoyados en la nostalgia crecen y crecen hasta adquirir un caracter mítico en donde es imposible separar la realidad de la idealización. 
 
De lo único que estoy seguro es del éxtasis orgiástico que me producía la imagen alucinante de ver a Tina Turner cantando Proud Mary en la televisión de San Diego. 
 
Casi lloro de la emoción cuando me encontre en mis navegaciones con este video mágico. 
 

luis david

 

El Conejo

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El Conejo (mejor conocido en el bajo mundo como «el Conejo Pérez»), Olaf y Sosky

Allá en mi tierna infancia, al ingresar a primero de primaria, me encontré con un niño güerito e hiperactivo al que le decían «el Conejo Pérez». Era latoso e incorregible y siempre estaba de buen humor.Un día no se presentó a clases y al otro día, al preguntarle la causa, contó que había muerto su papá. La maestra lo abrazó conmovida y le pidió que al día siguiente, cuando su mamá lo fuera a llevar, le pidiera que pasara al salón para darle el pésame. Y así fue, al día siguiente, el Conejo le dijo a su mamá que pasara con la maestra porque le quería dar quien sabe qué cosa. Y allá va la santa señora a enterarse de que su marido había muerto.

El Conejo, de seis años, se había ido de pinta.

Al siguiente año me fuí a Cd. Juárez y le perdí la pista. Al entrar a primero de secundaria me lo encontré en la correccional en la que nos confinaron nuestras mamás. Allí me enteré de que no es que le dijeran «el Conejo Pérez», sino que se llamaba Melchor Antonio Conejo Pérez. Todo un caso.

Hicimos una bolita con Pepe Figueroa, hermano de Gaby, el Conejo y yo. Éramos una pandilla sui géneris porque, mientras él era totalmente kinestésico, hiperactivo, buenísimo para los deportes y los trompones, nosotros éramos un par de ñoños que nos íbamos de pinta a los museos y las bibliotecas. Un caso clínico.

Seguimos juntos toda la secundaria y nos separamos al pasar a la preparatoria. Mientras nosotros entramos al Colegio de San Nicolás, él se apuntó en el Tecnológico de Morelia.

Nos veíamos muy ocasionalmente y así supe que se había inscrito en el IMSS para aprender clavados y natación y después me enteré de que ya era entrenador. Eso era lo suyo.

La última vez que lo vi fue en un cine de Morelia a donde fuimos Gaby y yo, recién casados, a ver «Silent Movie» de Mel Brooks, y le dió gusto vernos y que nos hubiéramos casado.

Ya nos perdimos la pista, no sé a qué se dedique ahora y lo extraño. Es un buen amigo al que quiero mucho y del que tengo muy buenos recuerdos.

luis david

Un Encuentro Inesperado

Cuando yo tenía 16 años me prestaron un disco que era una recopilación de éxitos en inglés. Cuando lo escuché por primera vez me impresionó una canción en especial. Era una melodía deliciosa que cantaba un grupo totalmente desconocido para mí.

Recuerdo que me aprendí la canción y las armonías y me gustaba poner el disco y cantarlo haciendo cada una de las voces y me imaginaba en un escenario con mis hermanos cantando esta tonada específica.

Nunca se la hice escuchar a nadie y un día, fatalmente, hube de entregar el disco a su dueño y nunca más lo volví a escuchar.

La canción quedó grabada en mis emociones profundas y un buen día fui a buscarlo a la tienda de discos especializada en música nueva allá en Morelia (rock en inglés) y me acerqué a la muchacha que despachaba en el mostrador y le hice la pregunta: «¿Tienen discos de Los Cantantes de Pozo Seco?»

La chica ésta se me quedó viendo desconcertada y con cara de «estechavotienepedosgraves» y, aguantado la risa, me dijo que no.

La seguí buscando por mucho tiempo hasta que me convencí de que había sido una alucinación y que era una quimera rayana en la necedad querer localizar un disco de un grupo en inglés con ese nombre.

Cuando conocí las facilidades que otorga la Internet me di a la tarea de buscarla con tan malos resultados que hasta la encontré con Elvis Presley, Tom Jones, Aretha Franklin y me di cuenta de que es una canción que han grabado todos los cantantes y los grupos importantes. Y cómo no, si es bellísima.

Y pues nada, que en una de mis frecuentes navegaciones aleatorias… ¡ZAZ! aparece de pronto la grabación de mis obsesiones juveniles. Ni hablar… tengo que agradecer que existe alguien más fanático que yo y que es capaz de subir estas cosas en la red.

luis david

La Última Fotografía de Don Plutarco

No es cierto que vengamos a este mundo a vivir.
Tan solo vinimos a soñar.

Poema Nahuatl.

Ahora que estuve en Morelia, me contaba Pancho que existe una tradición judía que dice que cuando un hombre muere y desea entrar al cielo debe aprobar un examen. El examen es muy simple y consiste en responder a una pregunta que le hace Dios en persona:

– “¿Y qué te pareció mi mundo?”

Si la respuesta es del tipo de: -“Yo me lo pasé muy bien…, hice lo que quería hacer…, disfruté la vida y la viví plenamente.”- entonces Dios abre la puerta y permite la entrada del solicitante. Si, por el contrario, la respuesta es una serie de quejas: -“Sufrí mucho…, es un valle de lágrimas…, todo me salió mal y demás etcéteras.” – entonces Dios cierra la puerta y expulsa al quejoso rumbo al infierno.

Hace ya muchos años, cuando conocí a la familia Figueroa Estrada, me sorprendió observar en ellos algunos rasgos de carácter contradictorios y no siempre complementarios. Por un lado la influencia de Doña Carmen que manifiestan en una generosidad sin límites, una gran bondad y compasión hacia los demás, un desprecio mortal hacia el dinero, aunado a una facilidad pasmosa para dar sin condiciones y una incapacidad congénita para decir “no”; además, una buena dosis de paranoia que los hace ver conjuras a diestra y siniestra. Por el otro lado, un carácter fuerte e irascible y una terquedad a toda prueba que vuelve conflictivas sus relaciones entre ellos y con los demás; también una preocupación sincera por toda situación social y una avidez por el estudio y la cultura, y, sobre todo, un buen sentido del humor. Rasgos, sin duda, heredados o aprendidos de Don Plutarco.

Ahora que tuvimos en mi familia el privilegio de convivir con el abuelo en sus últimos días, nos encontramos con un hombre cansado, disminuido y en franco declive físico y mental, y aun así, lleno de planes y amor por la vida. Él quería pasar su enfermedad lo más rápido posible para dedicarse a lo suyo, a lo que amaba. Deseaba continuar trabajando para su comunidad y recuperar fuerzas para seguir cuidando su jardín y sus árboles.

Se notaba muy poco su presencia porque sobrellevó su enfermedad con una dignidad y una disciplina espartana. Requería poco, y se adaptaba totalmente a los modos y horarios de la familia. Ocupaba el menor espacio posible, siempre estaba de buen humor y disfrutaba agradecido lo que se le ofrecía. Se mostró cariñoso, afable y respetuoso.

Hablaba poco y, sólo si se le preguntaba, contaba algo de lo que hacía en su pueblo. Disfrutaba de trabajar para los demás. Era un líder nato y era querido y respetado por su gente.

Era más famoso de lo que tal vez muchos sepan. Recuerdo una anécdota que me platicó alguna vez en que vino a visitarnos. En una ocasión llegó a Oaxaca una pareja de investigadores alemanes (esposos ellos) para hacer un estudio sociológico de los pueblos indígenas del rumbo. De alguna manera llegaron a Juxtlahuaca y, desde luego, Don Plutarco fue designado para guiarlos. Los llevó a conocer los lugares importantes de la región y les explicó, con lujo de detalles, las características singulares de la identidad de los pueblos de México. Sin saber cómo ni cuándo, terminaron hablando de la participación de Alemania en la segunda guerra mundial (su mero mole) y aquí empezó lo bueno. Los sorprendió con una cátedra de historia y economía política que nunca esperaron escuchar en México y menos aun, en boca de un indio oaxaqueño.
 
– “A nosotros nos enseñan la historia de otro modo” – le dijeron

– “Pues tienen que estudiar más” –les respondió él.

Lo que más les asombró fue cuando les dijo que quería ir al Berlín Oriental de aquel entonces porque le interesaba visitar Treptow Park.
 
– “¿Usted conoce Treptow Park? – le preguntaron incrédulos.

– “Claro que no” – les dijo- “Por eso quiero ir.”

Y entonces les comenzó a describir la ruta al parque desde la Puerta de Brandeburgo, dibujándoles el parque mismo punto por punto con cada uno de detalles que lo rodean y, presidiendo el conjunto, el gigantesco monumento al ejército liberador soviético.

No se lo podían creer. Ampliaron el sentido de su investigación y se dedicaron a entrevistarlo y a filmarlo para llevar todo eso a Alemania. Cuando se tuvieron que ir, lo invitaron a su país, con gastos pagados, para llevarlo a conocer Berlín y, desde luego, Treptow Park y no quiso acompañarlos porque le daba miedo volar.

Tiempo después le escribieron y le contaron que era todo un éxito en las academias germanas. Presentaron sus filmaciones donde, de viva voz y desde la campiña oaxaqueña, les enseñaba historia alemana a los alemanes. De ese tamaño era el señor.

Don Plutarco hizo cosas que nos pueden parecer buenas o malas a cada uno de nosotros. Sin embargo, lo que hizo allí está, y toca a nosotros elegir cómo lo queremos recordar. Yo me quedo con la imagen del Plutarco guasón, sabio, valioso, trabajador y culto que siempre fue. Lo otro… es muy suyo y a estas alturas ya ni cuenta. Cada cual tendrá que luchar contra sus propios demonios para reconciliarse con esa parte del pasado, que está allí y que no tiene por qué seguir siendo presente ni definir el futuro.

Fue un hombre congruente que eligió su manera de vivir y asumió las consecuencias de sus decisiones. De cualquier manera manejaba un enorme arsenal ideológico para justificar cada uno de sus actos y siempre creyó estar en lo correcto. Lo único que lo fastidiaba un poco era la idea de que su familia no lo entendía ni lo quería lo suficiente. Estaba orgulloso de sus hijos y sentía una profunda admiración por ellos. Cada vez que tenía la oportunidad lo manifestaba así.

Murió como vivió: a gran velocidad. Su trámite final lo resolvió en 24 horas. Pasó sus últimos momentos en la carretera y con el acelerador a fondo. Viajó en ambulancia y en carroza, pero… siempre aplutarcado.

Y como dijo Pancho: de una cosa podemos estar seguros, sin duda Don Plutarco aprobó su examen.

Ésta es la última fotografía del buen Lobich. Está cargando a mi nietecita Kamila y no deja de ser curioso ver allí representada una ley inexorable de la condición humana: una generación llega y otra se va.

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luis david

Un Caso Para La Araña

Gerardo me contó que tenía un hermano gemelo y según esto, era alguien muy importante para él y, en cierto modo, contraparte o complemento de mi amigo. En lo exterior eran casi idénticos, pero lo interior los delataba. Uno era impulsivo y el otro sereno; uno era pareja amorosa y estable y el otro capaz de enredarse con el mismísimo Satanás. El uno alegre y desenfadado y el otro taciturno y tormentoso. Gerardo era directo en el decir y Agustín atrapado de manera hiperbólica en su amor por el lenguaje. Lalo era visceral y Tino muy noble. Pero eso sí, los dos eran mentirosos de tiempo completo.

Al terminar la primera asamblea a la que convocó Andrés Manuel en el Zócalo del D. F. para iniciar la Resistencia contra el fraude electoral y después de unas cervezas en la Buenos Aires, nos invitó Gerardo a su casa para conocer a Agustín, su gemelo precioso. Y allá fuimos Gaby, Colibrí, Ayla (Ay, la Ayla), Iván y yo, todos emocionados. Antes de llegar pasamos a comprar hamburguesas y Lalo puso especial cuidado en escoger la que sería para Tino (siempre hacía lo mismo cuando se trataba del Agus.)

Y que llegamos a la casa y que ponemos la mesa y que repartimos las hamburguesas y que se desaparece Gerardo con una y que regresa para decirnos que Agustín se sentía indispuesto y que se disculpaba por no aparecer ante nosotros ni para saludar y que se iba a comer la hamburguesa en la oscura soledad de sus pensamientos. Y eso fue todo.

Ni modo, pensamos, será para la próxima.

En la efervecencia de esos días, Agustín se aparecía por los blogs para participar en las discusiones, a ratos entusiasmado y a ratos pesimista, y siempre quedaba de encontrarse con nosotros en la próxima manifestación y hasta habló de ser miembro Honoris Causa del plantón porque pasaba por allí todos los días. De cualquier manera, nunca lo vimos en carne y huesos.
Empecé a tener fundadas sospechas de que Tino, el famoso gemelo precioso, era un cuento de mi amigo Gerardo, que para eso de la creatividad se pintaba solo.

Cuando asistimos con Maru y Gerardo al Grito de los Rebeldes en el Zócalo de la ciudad de México, la noche del 15 de Septiembre, Gaby y yo terminamos en su casa para platicar un rato y conocer a Agustín que, de nueva cuenta, se encontraba indispuesto y tan tán.

¡Que no había manera… Joder!

Por otro lado, me comentaba Colibrí, mi amada sobrina, que cuando ella lo buscaba en Ruta 61, siempre era justamente el único día del año en que Tino había faltado a sus obligaciones. Extraño, muy extraño.

A cada paso confirmábamos la no-existencia del susodicho.

Yo sabía, porque Lalo lo mencionaba aunque no viniera al caso, que Agustín ocupaba en un lugar muy especial en su corazón y a ratos parecía que lo ocupaba completito. Esto último me parecía lo más real, porque yo ya sabía que eran uno solo.

Empecé a tener graves problemas existenciales con la paradoja de los gemelos y los espejismos y llegué a aventurar varias hipótesis:

1. Son dos
2. Es uno con problemas de personalidad.
3.
El asunto no es que sean uno solo sino, a saber, cuál es el verdadero.
4.
Ninguno existe y alguien nos toma el pelo.
5. Esto es un compló.

De cualquier manera los llegué a querer mucho y a encariñarme tanto con ese juego de los espejos que cuando Axel me avisó de la muerte de Gerardo me solté llorando. Corrimos con Iván a Mexico para acompañar a Maru y a la familia y, para variar, Agustín no estaba en casa.

Allí estuvimos platicando un buen rato con los cuates y, de pronto, que se va apareciendo…

¡Nunca me hagan eso!… Si a éste ya lo lloré.

Durante la misa-concierto de homenaje en Ruta 61 pude confirmar todas mis sospechas.

Ahora sé que aquí hay gato encerrado.

Pero yo soy muy listo y a mí no me la pegan: Gerardo se comía las hamburguesas de Agustín… ¿O Agustín las de Gerardo?… Yo ya no sé.

luis david

 

Música Concreta

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Ahora que nos despidió el año con la noticia sobre la muerte del gran Karlheinz Stockhausen (1928 – 2007), recordé que mi primer acercamiento con la música concreta fue a través de algunas canciones de Los Beatles en las que John Lennon, debidamente asesorado por George Martin, hacía cosas raras manipulando las cintas de grabación y obtenía resultados en verdad buenos. La culminación de todo esto fue la pieza Revolución No. 9 que todavía estoy descifrando.

Eran los años de mi tierna juventud cuando en el Museo de Arte Contemporáneo de Morelia anunciaron una serie de conciertos para celebrar uno de sus aniversarios. Mis cuates y yo decidimos asistir a todos y armamos la palomilla para llegarle.

Hubo de todo: Rock, Blues, Jazz, Cuarteto de Cámara, Folklore Michoacano (que está de lujo) y un Recital de Música Concreta para Guitarra.

¿Un Recital de Música Concreta para Guitarra? Y eso qué es.

Pues nada, que nos ponemos de acuerdo para asistir y que ganamos lugar hasta adelante usando nuestra mejor cara de intelectuales esnobs (¿hay de otros?)

Salió el guitarrista y ocupó su lugar en el escenario y, sin decir agua va, que suelta una nota discordante seguida de otra y otra más y otras dos, y así nos tuvo por espacio de hora y media hasta que se levantó e hizo una profunda reverencia para que lo aplaudiéramos a rabiar.

Salimos del concierto con aire de perplejidad, mirándonos a las caras y tratando de emitir un comentario inteligente, con la seguridad de haber visto el traje nuevo del emperador.

Por fin, uno de mis cuates (el más tonto… ¡Obvio!), se atrevió a decir: “¡No mamen, ésas son chingaderas! A ese cabrón se le fue toda la función en afinar la pinche guitarra.”

luis david