
y fue que decidí pararme agitada ante el espejo roto y con el pincel de pelo de marta entre mis dedos intranquilos para trazar las primeras líneas insinuantes de la imagen dolorida con la que quería retratar la desnudez sangrante de mi alma rota por el recuerdo de las caricias postergadas de tu cuerpo tan lejano en su inmediatez dolorosa que marcó los surcos profundos de mi vida atribulada en esas noches de amor volátil ante la luna semioculta por las nubes de pasión desbordada que desvanecían las perlas de sudor que resbalaban entre mis pechos temblorosos y estremecidos al ritmo del gozo abrumado por la incertidumbre fatídica de un futuro inminente y odioso que rondaba mis sueños palpitantes cubriendo de dolor mi cuerpo mientras mi mente vagaba entre bosquejos difuminados por el trazo prodigioso de tus dedos embebidos de óleos terrosos que descubrían siluetas ilusorias en un lienzo inexplorado y dispuesto apenas para recibir capas y capas de colores caprichosos y aromas sensuales que se elevaban por entre los dos cuando encontrabas en mi interior la humedad voluptuosa que anegaba las paredes blancas y el piso de lajas oscuras de aquella alcoba furtiva en donde me encontré con tus manos urgentes que descubrían los valles y las montañas ocultas bajo la pátina de temores desquiciados que apretujaron mi corazón ardiente en las noches sin clemencia de la inquietud añorada por dejar desnuda mi alma ante tus ojos negros
luis david

