Soneto

Espejo de la mar es el recuerdo
que vaga por el viento presuroso.
Espejo del recuerdo venturoso,
la mar que se rebela al acuerdo

signado por la mano de un dios cuerdo
que dueño de un imperio angustioso
le dicta su destino tempestuoso
al viento, a la mar y al recuerdo.

Locura singular del pensamiento
de un ser atormentado y perplejo,
la duda de meter en un bosquejo

la furia desbocada de este viento
que agota hasta el último aliento
la fuerza de la mar ante un espejo.

luis david

Perfil

soy un coyote,
fantasma que se esconde
entre los matorrales
de los montes de Tlaxcala,
devorador de lunas y de sombras;
soy un águila,
relámpago voraz que surca los cielos
de las Montañas Rocallosas,
nido de espectros y de piedras;
soy un salmón que desafía
las corrientes tortuosas
de los ríos helados del Canadá;
soy un guanaco,
entereza imperturbable
encubierta entre los palacios
del Machu Pichu;
soy un colibrí,
suspiro alado
que se suspende en el aire
por la magia del sol;
soy una cobra de la India
y un tigre de Bengala,
soledad imperial
desdibujada en la selva;
soy un cóndor,
vigilante de las alturas,
dueño de las nubes y del viento,
emperador de la cordillera;
soy un ciervo,
dorado perchero
que se desplaza majestuoso
por los bosques umbríos
de la sierra de Chihuahua;
soy un indio chichimeca
de los desiertos mexicanos,
tejedor de cestos,
cazador de estrellas;
soy un hombre blanco y barbado
en los lagos de Anahuac,
sembrador de linajes atormentados,
destructor de sueños y quimeras;
soy una hormiga,
soberbia constructora de galerías,
que se interna en la tierra seca
de las plantaciones del Perú
y se arrastra sobre las huellas
olvidadas de los Incas;
soy un humilde siervo
en las campiñas imperiales
de la Roma asediada
por los dioses bárbaros;
soy un ratón huidizo y tímido;
soy el enigma de mi tiempo
y estoy aquí.

 
luis david

Luna

luna

Noches de luna angustiada,
de solitarios reflejos,
soplos de luz que se ocultan
en los márgenes del sueño.
Sombras de noche embustera
cubren de luna el espejo
de las aguas escondidas
en el rumor del estero.

Copos de lana morena
siembran de nubes los cielos,
besos de noches marchitas
tienden la paz de sus lienzos
(campos de rostros dolidos
que se refugian austeros
en las brumosas montañas
y en el final de los cuentos.)

Gritos y cantos de luna
deja la noche en mi pecho,
ríos de lava sangrante
que me abrazan todo el cuerpo,
luces y campos fundidos
que me despojan del tiempo
en el umbral de tus ojos
y en el calor de tus besos.

luis david

Senderos

senderos

Es tan solo un camino
que se recorre de nuevo,
viejas caras conocidas
y un horizonte parejo.
Lunas, montañas, semblanzas,
se agolpan en mis recuerdos,
y llenan las oquedades
y el final de los senderos.

Luz que se posa en mis hombros,
luz de pálidos reflejos,
viento que mece las aguas
y que rompe los espejos,
nube que surca los mares
y los lagos de mi pueblo,
luna que vaga flotando
entre los juncos del miedo.

Mudos vestigios de sombras
acompañan mis anhelos,
viejas columnas de piedra
que sostienen los deseos
acurrucados al paso
de los años y milenios
y que repiten los cantos
que ocultan los embelesos.

Y es tan solo un camino
encontrado en los deshielos
que descubren las mañanas,
los volcanes y los perros.
Son de las aves que vuelan
ensombreciendo los cielos
y que ocultan con su mancha
las dudas del pensamiento.

luis david

Una Taza de Café

una-taza-de-cafe-2Tal vez fuera el aroma del café recién tostado que inundaba la plaza lo que me impulsó a sentarme en aquella mesita bajo los portales para descansar un rato y releer el libro que llevaba más de un mes esperando turno y que se me escabullía por entre los senderos de la incertidumbre.

O quizá era el viejo hábito de pasar las tardes en algún café intentando leer un libro imposible de asimilar y lleno de imágenes obtusas y ambiguas que nada le decían a un intelecto aturdido por el insomnio oprobioso en que me había sumergido desde hacía ya tanto tiempo que a ratos no recordaba ni cuando inició este peregrinar por los vericuetos de la perplejidad.

Lo cierto es que sé que no fue el azar lo que me llevó aquella tarde de jueves a sentarme frente a ti.

El gusto redondo del expreso sin azúcar llenó mi boca de reminiscencias ancestrales y algunos recuerdos nebulosos se agolparon frente a mis ojos perdidos en la distancia infinita del pensamiento que me llevó a recorrer caminos olvidados mientras la opresión del pecho volvía a marcar su dominio sobre mi estado de ánimo y me sumergía de nuevo en las profundidades oscuras de aquel océano de emociones encontradas y de paradojas sin solución cuando reparé de pronto en la manera distraída con la que disfrutabas una tartaleta de frutas relamiéndote los labios y tomando de tanto en tanto una fresa que mordías con lentitud para luego chuparte los dedos con displicencia.

El sol pintaba de rojo la tarde mientras yo dejaba para siempre la lectura y me perdía en el río de memorias turbulentas que se agolpaban en mi pecho provocando un dolorcito viejo y conocido que me hacía cerrar los ojos por momentos para recuperar al máximo las imágenes amontonadas que me transportaban a otros universos y a otras edades en las que el mundo era mi cómplice y yo no me había convertido aún en mi enemigo.

Dejando volar el tiempo di el último trago al café frío mientras tú te levantabas alisando la falda de lino blanco alejándote sin reparar en el reguero de infortunios que ibas dejando a tu paso.

Todo fue tan rápido que apenas alcancé a darme cuenta del vientecillo helado que empezó a soplar en mi interior cuando comencé a pasar las hojas del libro como si las fuera contando una a una y por pura imitación pedí una tartaleta de frutas como la tuya para acompañar un nuevo expreso que sanara las heridas de mi alma porque recordaba que en algún sitio había leído que “la savia que recorre mi espíritu arrastra esencias de café y cacao”. Así sea.

luis david