Piedras Duras

piedras-duras

Romance de piedras duras,
camino recién andado,
dolores acobardados
vagando por la llanura
donde la fruta madura
a costa de mi sustento:
es mi cuento.

Lujo de tardes sombrías,
versos de sol y calor,
cantos de puro dolor
envuelven mis alegrías,
sombra de noches y días
y piedras en el camino:
mi destino.

Restos de fuego y de pena
rescoldo de mis hogares,
astillas en los sillares
y monumentos de arena,
lunas de romanza ajena
y coplas sueltas al viento:
mi tormento

 
 

Viñeta: Gerardo Ma. Aguilar Tagle «Tlacuiloco»
Poema: luis david

Soneto

La gracia de tu amor, amada mía,
invade mil caminos escondidos,
encuentra los propósitos perdidos
volcando mis recuerdos cada día.

La gracia de tu amor es fantasía,
es fruto del propósito prohibido,
remedio del deseo contenido
que alivia de mis noches la agonía.

La gracia de tu amor es el sustento
de mi alma y de mi ser enamorado,
es nube en perpetuo movimiento,

es runa del futuro codiciado,
es juego perspicaz del pensamiento
la gracia de tu amor apasionado.

luis david

 

Coleccionista

Soy un coleccionista
de imágenes que llegan y se van;
algunas permanecen
y me acompañan por días o meses
hasta que vuelan
de puro aburridas
y desaparecen.
Si tengo suerte,
las atrapo en una hoja de papel
y las atesoro.
La codicia
me ha hecho esconder
algunas de ellas;
otras escapan en el momento
menos deseado y se ocultan
entre los versos de un poema.
Sólo la suerte me permite
pescarlas al vuelo,
envolverlas entre mis manos y
ocultarlas en el corazón.

luis david

 

Evocación

Gran pagano
se hizo hermano
de una santa cofradía,
y el Jueves Santo salía
llevando un cirio en la mano.
Aquel trueno
vestido de Nazareno.

Antonio Machado

 

Rara vez recuerdo mis sueños, y en los pocos que recuerdo, rara vez he soñado a mi madre. En cambio pienso mucho en ella. Pero eso si, cuando la sueño siempre está sana, hermosa, jovial, y acaparando la atención de todos. En el espejo de mis recuerdos esa era mi mamá.

Esa era Amalia, Reina de los Ángeles y Emperatriz de los Querubines, que nació en Acámbaro, Guanajuato, le salió su primer diente hasta los tres años y creció en Morelia como una niña mimada, voluntariosa e hiperactiva que se peleaba a trompadas con los niños de la escuela y tenía la desfachatez de ganarles.

Esa era Amalia, Reina de las Fiestas Patrias y Emperatriz de la Belleza, que partía plaza por la Calle Real paseando altiva su juventud y sembrando desconsuelos entre los muchachos de San Nicolás que rondaban por su casa esperando verla salir o asomarse a la ventana para robarle, en un descuido, un segundo de su imagen volátil y atesorarla entre los libros insomnes y las noches en vela.

Esa era Amalia, Reina de los Árboles y Emperatriz de las Flores, que casó con Jesús, el norteño sembrador de viajes y quimeras, acaparador de los anhelos colectivos, que la llevó a los viveros de Chilchota para plantar las sombras de las carreteras de ese Michoacán exuberante donde escupes y nace pasto, y que un día cambió su rumbo hacia los desiertos desolados del norte donde la tierra es dura como piedra y hay que regarla con lágrimas para arrancarle una plantita de algodón. Una vida donde los desencuentros se fueron acumulando y los hijos llegaron para llenar los espacios que dejaban libres las batallas mientras la riqueza se les escapaba por entre los dedos y el camino se les cerró hasta un punto sin retorno.

Y ya me imagino la conmoción que se generó en Morelia cuando Amalia, Reina de los Menesterosos y Emperatriz de los Desheredados, regresó de Ciudad Juárez con diez hijos y diez pesos para mantenerlos, huyendo de un matrimonio desastroso que, por las razones que fuera, no funcionó y que llegaba con el pasado roto y un ángel en el vientre y que algunos de sus hijos terminaron en el Internado de Uruapan donde la bondad misionera del hermano Jorge los sacó adelante por un tiempo y los pequeños nos quedamos en la casa del Tío Ramón y mientras que Amalia, Reina del Palacio de Gobierno y Emperatriz de los Burócratas, salía a trabajar, jugábamos todo el día en los patios y pasillos de la vieja casona de cantera rosada de las calles de la Corregidora donde encontrábamos todo tipo de cachivaches y los convertíamos en juguetes.

En aquella época heroica éramos tan pobres que cambiábamos más de religión que de ropa, porque Amalia, Reina de los Cielos y Emperatriz de la Eternidad, era dueña de una espíritualidad sincrética y sui géneris que se columpiaba entre el fundamentalismo sin misericordia y la herejía de raíces profundas que le permitía casi cualquier cosa y que reborujaba su alma en aquel inmenso lago de contradicciones y claroscuros que la debatía en la encrucijada de un discurso liberal y una esencia conservadora y que, por esa capacidad extraordinaria para enredarse en las filosofías más intrincadas, terminó convencida de que era poseedora de la verdad absoluta, y es que Amalia, Reina del Soliloquio y Emperatriz del Monólogo, pasaba horas y horas conversando con Dios y consigo, y se decía y se contestaba y sacaba conclusiones que se manifestaban en frases excéntricas y llenas de vericuetos enmarañados y abismos insalvables porque Amalia, Reina de la Metáfora y Emperatriz de los Ilusionistas, era capaz de levantar las estructuras más atrevidas sin miedo al derrumbe. Recuerdo admirado cómo me contó la vez en Tijuana cuando un coche sin control se fue contra la vidriera de la tienda donde ella estaba parada y, al darse cuenta, sólo vio que se le “venía encima una catarata de puñales apuntando al corazón”; o cuando me platicó, muerta de la risa, la ocasión en que acompañó a mi tía Guille a Guadalajara a uno de los maratones de la quimioterapia y las regresaron a Morelia en una avioneta desvencijada y crujiente que al llegar se encontró en medio de una tormenta y no pudo descender y estuvieron a la vuelta y vuelta en aquel camión de redilas que se estremecía dando tumbos por los aires y que las tuvo con el aliento en un puño convocando a toda la Corte Celestial… y cuando al fin pudieron aterrizar se percataron de que estaban de nuevo en Guadalajara y las treparon en el autobús de retache. Y como ésa, todas. Y esa manera laberíntica de adornar sus pláticas las volvía interminables, pues en su propensión a envolver en celofán las mil pinceladas de sus historias, pasaba de un tema a otro sin solución de continuidad; por eso, platicar con ella era sentarse a escuchar sin remedio, porque acaparaba la tarde y se eternizaba en mil y mil pormenores a cuál más enrevesado.

Y todos sabíamos que en nuestras casas debía haber siempre un lugar preparado porque Amalia, Reina de los Gitanos y Emperatriz de los Vagabundos, llegaba sin avisar y se quedaba hasta que otra invasión la lanzaba de nuevo por esos caminos de Dios, y así fue hasta los años infaustos cuando Cronos le pasó la factura y Amalia, Reina de la Juventud y Emperatriz de la Fortaleza, no soportó la vejez y se derrumbó. Cuando ya no fue capaz de mantener su independencia, pintó su raya y se acostó a morir, pero su cuerpo, fuerte y hecho en mil batallas, se negó a acompañarla y la fue deteriorando poco a poco metiéndola en una agonía larga, lenta y sin sentido que arrasó con su dignidad y la de todos. Era difícil ayudarla porque quería una cura milagrosa que la levantara de la cama de un día para otro sin ejercicios, sin esfuerzo y sin la disciplina de los medicamentos. Decía que aún no había nacido el médico que la fuera a convertir en drogadicta. Cuando estuvo en mi casa, recuerdo con pena que no supe qué hacer y sólo se me ocurrió tratar de ayudarla dándole cariño y poniéndole reglas que físicamente no era capaz de obedecer y anímicamente no se le daba la gana hacerlo. La senilidad causó estragos en su cordura y perdió contacto con la realidad aunque costaba trabajo darse cuenta porque su memoria se mantenía intacta y su habilidad para la baraja no sufrió menoscabo. Sólo salía de su depresión al rememorar las épocas gloriosas de su juventud cuando la eligieron Reina de las Fiestas Patrias y dejó en el camino a las encopetadas de la elite de Morelia y mi abuela le hizo su vestido descotado, y con los hombros desnudos se presentó imponente a su gran noche triunfal, y fue entonces cuando se le clavó en el alma la idea de que debió llamarse Carlota Amalia, Emperatriz de México, y vivió toda su vida haciéndose querer y haciéndose servir por todos; y cuando los recuerdos ya no le alcanzaban volvía a sumirse en el marasmo de su debilidad y así fue hasta que murió.

Nunca he visitado su tumba. Y es que prefiero la imagen de la Amalia, Reina de los Ángeles y Emperatriz de los Querubines, que nació en Acámbaro, Guanajuato, le salió su primer diente hasta los tres años y creció en Morelia como una niña mimada, voluntariosa e hiperactiva que se peleaba a trompadas con los niños de la escuela y tenía la desfachatez de ganarles.

Cuando escucho la voz de mi memoria, me gusta recordarla sana, hermosa, jovial y acaparando la atención de todos. Vanidosa y altiva. En toda su majestad.

En el espejo de mis recuerdos esa es mi mamá… y la extraño mucho.

luis david

Romance de la noche callada

Aquella noche serena
que pasamos junto al río
dejó en mi alma puñales
como claveles heridos.
La luna que nos miraba
bostezaba en el hastío
llena de amores fugaces,
llena de penas y ríos.
Tu cuerpo de luz y nacar
me envolvía urgido
y en el temblor de tus pechos
hallé calor y abrigo.
Te entregaste a mis manos
que recorrían tus caminos,
la oscuridad de la noche
cubría tu desvarío.
El resplandor de la luna
que contemplamos unidos
dejó en mi alma puñales
como claveles heridos.
Ay, cuánta noche callada,
ay, cuánto amor escondido,
ay cuánta luna oscurece
el triste semblante mío.

luis david

Remedio Casero

Para curar una desilusión,
tome todas las que encuentre en la cava
y sepárelas por antigüedad.
Deseche las muy viejas,
que deben estar llenas de polvo y telarañas,
(ya ni quién se acuerde ellas),
y concéntrese en las nuevas.

Cuando haya elegido
un desengaño fresco y jugoso,
pártalo en trozos pequeños y póngalos,
sobre una cama de hierbabuena recién cortada,
en un recipiente de barro negro de Oaxaca,
cúbralos con jugo de naranja agria
y deje marinar toda una noche
a la luz de la luna llena que se filtre
por la ventana entreabierta.

Al día siguiente, muy de mañana
y antes de que levante el sol,
acomode las piezas en una marmita de cobre,
(esto es muy importante por las propiedades
depurativas del metal),
agregue un vaso de vinagre balsámico,
una taza de infusión de camomila,
unas gotitas de jugo de limón
y salpimiente al gusto.

Cueza a fuego muy lento
durante dos días con sus noches
asegurándose de renovar los líquidos
conforme se vayan consumiendo.
Enfríe y destile el caldo resultante
en un alambique nuevo y deseche el bagazo.
Vierta la esencia destilada
en una pequeña barrica de roble blanco
y deje añejar en el olvido
por años y felices días.

luis david

 

VBI SVNT

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Fulgor helado derrama
la luna sobre el estero,
con un resplandor cenizo,
con frío aliento de hierro.
Camino de curso ambiguo
en los confines del tiempo,
que he de trasponer jadeante
entre las lenguas de fuego.
Sorpresas que paso a paso
aparecen en mi cielo,
destino insaciable el mío,
ir al borde del sendero.
Pero es tan sólo pasado,
delirio del pensamiento,
voluta fugaz escrita
al envés de mi recuerdo.

*

Y dónde están los niños de mi infancia,
los juegos en las calles de mi barrio,
las horas de la escuela y las niñas
vestidas del color de la añoranza.

No sé dónde quedaron los amigos,
los libros que leí en ese entonces,
las buenas discusiones del café,
las noches de vigilias azarosas.

Qué fue de las muchachas del colegio,
sus faldas diminutas en la calle,
las risas contagiosas del septiembre
pasado por agua. Qué cosa ésta.
Entiendo que al final el inventario
es puro escarbar en la nostalgia

*

En dónde están las noches del ensueño
que estuve adormilado en tu cama,
y dónde se quedó aquel deseo
que mi alma entre tus manos estrujaba.

Dejé la vacuidad del pensamiento
oculta en el calor de tus mañanas,
perdido entre los rizos de tu pelo
que borran los contornos de tu espalda.

Qué ha sido del olor de tus encuentros,
qué ha sido del rumor de tus pisadas,
qué fue de las caricias y los besos
que ayer sobre mi cuerpo derramabas,
No queda ni la sombra del recuerdo,
no queda ni un suspiro, apenas nada.

*

Qué ha sido del recuerdo tan lejano
que pierde entre la niebla su contorno,
que fue del parapeto y el adorno
que hundió aquel recuerdo en el arcano.

No hay vuelta al pasado, y no es en vano,
(ni está para hacer panes hoy el horno),
es mágico el momento y el entorno
que vuelve al recuerdo un bien cercano.

La vida nos presenta en su momento
las cosas que vivimos sin sentirlo,
y ya cuando podemos percibirlo
nos vamos enterando que es pasado.
Qué bueno que los dioses nos han dado
la gracia sin final del pensamiento.

*

Si dejo de pensar en el pasado,
no encuentro ni presente ni futuro
y floto en ese viento frío y duro
que vaga por la noche desolado.

Es duro rescatar lo olvidado
y mucha la nostalgia. Si me apuro
veré, entre espirales de sulfuro,
al diablo que me tiene aprisionado.

Bendita soledad, placer mundano
la bruma que agradezco sometido,
es puro sentimiento reprimido
la brisa que me lleva de la mano.
O acaso este recuerdo es el arcano
que debo de vivir con un sentido.

Viñeta: Gerardo Ma. Aguilar Tagle»Tlacuiloco»
Vbi Svnt: luis david