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Just in time

El tiempo corre de prisa en los últimos días.
Me levanto y me encuentro con que apenas
tengo tiempo para llegar a donde quiero ir.
Los asuntos pendientes se me han ido acumulando
de manera bochornosa por falta de tiempo.
Mis relojes se han vuelto locos,
y el sol ya no es lo que solía ser,
los días y las noches se han achatado.
Los camiones viajan más rápido
y tienden a llegar misteriosamente tarde a su destino.
Si el día sigue teniendo veinticuatro horas,
con toda seguridad alguien le ha robado
minutos esenciales a mis horas,
o tal vez, segundos imprescindibles a los minutos.
¿Y para qué querría ese alguien
atesorar tiempo robado?
¿En qué lo usaría?
¿Y qué hará con él cuando,
de modo irremediable, le comience a sobrar
y termine sus labores más temprano
y todavía le quede tiempo
en las alforjas para prestar y regalar?
Reconozco con pena que alguna vez
he perdido el tiempo…
siempre me ha intrigado que habrá sucedido con él,
¿Lo habré dejado olvidado en algún lugar?
¿Estará tirado en un parque lejano
a donde fui con toda la sana intención de perderlo?
¿Será pisoteado por la gente con prisas
que vigila su tiempo
y lo cuida administrándolo con pasión?
¿O alguien lo habrá encontrado
y lo estará malgastando en puras cosas inútiles?
Estos últimos días he estado pensando
con mucha seriedad en no levantarme por las mañanas.
¿Para qué hacerlo si indefectiblemente
me va a faltar tiempo para terminar
todo lo que tengo agendado?
Tal vez lo que necesito es tirarme en el pasto
y dedicarme a pensar en ti.
Al fin que no he hecho otra cosa todo este tiempo.

luis david

Soneto Esdrújulo

El arte de escribir versos esdrújulos
es cosa singular, placer espléndido,
que ha de requerir trabajo méndigo
y debe ejercitar mentales músculos. 

En busca de agotar giros mayúsculos
se intenta producir poema inédito
que siendo coronado por el éxito
admita incluir estrellas, cúmulos.

Si quieres resultados de película
la cosa es abusar de la retórica,
gramática voraz, idea ridícula,

llegando hasta la misma jerga hipnótica
que abrume a los incautos de la ínsula
dejándonos gozar de Antrobiótica.

luis david

Félix

Félix murió en la noche de la Candelaria luego de tres semanas de dolorosa agonía después de que Jorge agotó su costal de recursos remediales y los cuidados franciscanos de Laura resultaron inútiles para contener el avance inclemente de aquel dolor sin remedio que acabó cerrándole la vida cuando ya no se podía respirar en el ambiente de pudridero que invadía todos los rincones de la vieja casona de cantera rosada que su abuelo había comprado en la antigua Calle Real desde los tiempos remotos del cura Hidalgo y que pasara de generación en generación para albergar ahora en la capilla improvisada al viejo patriarca restregado con lejía y amortajado sin verter una sola lágrima por la hija que le prodigó ya muerto los cuidados que le negó en vida a causa del rencor acumulado a lo largo de años y años de guerras apocalípticas por la oposición denodada del padre a su relación con el estudiante de medicina que la pretendía y con el cuál se fugó una noche de jueves en la que todos dormían aturdidos por el estruendo de la fiesta de pirotecnia con la que festejaron los cuarenta años de la hermosa María que ahora lloraba en silencio y rezaba sin consuelo ante el cuerpo rígido de su esposo envuelto en la mortaja de lino crudo que ella misma adornara con un bordado de primores cuando previó la inminencia del final y que descansaba tendido sobre una mesa iluminada por la luz macilenta de cuatro cirios y rodeada por siete ramos de flores sofocantes que mezclaban sin misericordia su perfume abrumador con el tufo agrio de un plato de cebollas y vinagre que una mano piadosa había colocado bajo la mesa para limpiar el cáncer del aire y que con el olor a muerto reciente terminaron por confirmar aquel clima de marasmo aplastante que le cerró el entendimiento de por vida y que le habría de acompañar el resto de sus días junto con el frasquito para las pastillas de clorato de potasio que Félix le compraba como panacea para todos los males habidos y por haber e inventados en las noches de insomnio angustioso cuando esperaba el regreso del hombre comisionado por el gobierno para recorrer la sierra con la encomienda de recaudar los impuestos que los pobladores sumidos en una miseria bíblica pagaban ante la amenaza de las armas de aquellos espectros a caballo que llegaban de tanto en tanto y en grupos numerosos comandados por el demonio de cuerpo impresionante y voz de trueno que a punta de pistola reclamaba tributos y arrebataba posesiones bajo los argumentes irrebatibles del terror y que regresaba a la capital semanas después con las mulas derrengadas por los fardos de la ignominia que entregaba puntualmente en la casa del gobernador y por los cuales recibía un tanto en pago para ir satisfecho a reencontrarse con la María de sus amores que conoció desde niño y que fue su compañera de juegos en las arenas del potrero y con la que se bañara tantas veces en un remanso del río de aguas heladas hasta la tarde prodigiosa cuando se descubrieron aterrados mirándose atónitos por la conmociòn de sus cuerpos intactos que cubrieron confundidos con la certeza de haber sido tocados en el alma por un rayo de luz que les penetró el corazón impaciente que amenazaba con brotarles del pecho y que los impulsaba a correr anhelantes cada cual por su lado a sudar la fiebre recurrente de la desnudez del otro y que rehuyendo los lugares comunes intentaron escapar con inútil afán del destino sin retorno que los ataba en aquel amor cocinado a fuego lento que asolaría sus vidas de allí en adelante sumiéndolos en el revolcadero de la pasión que los habría de consumir en una sopa de sobresaltos hasta los días aciagos de su vejez

luis david

Sirena

sirena

 

La Sirena es una ola nocturna
que agita las aguas del mar fosforescente
acarreando dolor y placer.

La noche llama con sonidos sofocados

al viajero que sucumbe ante el arrullo
de la murmurante sirena.

Sombra de llanto ondulado,

lluvia de agua salada,
marina de noches eternas.

Sirena de cuerpo dorado

ofreces tu pecho flotante
a la luna del océano perdido.

luis david

Sinestecias

El rojo de tu aliento me provoca,
sumerge mis sentidos en el caos
azoroso de texturas y sabores
curvados por tu risa melancólica.

Con el sabor redondo de tu sombra,
despierto fatigado en el remanso
de mórbidas imágenes vibrantes
que llenan de aromas mis ensueños.

Tus palabras calientan la experiencia
del viento y el sonido de tus ojos,
corriendo a mi lado entumecida,

azul y extravagante, reciclando
sueños olvidados, entretenidos
por largas redenciones ominosas.

luis david

San Juditas Indocumentado

Uno se la juega cuando cruza por el desierto. Que si no es la migra, son los animales; cuando no es el pollero son las maras, pero siempre sale uno jodido, seño. Y qué se le va a hacer. Acá está el jale y pues ni modo.

Antes sí, año con año nos regresábamos al pueblo para las fiestas patronales. Había que estar allá y cooperar con la capillita. Luego nos daban cargo y esas cosas o se cumplen o no se le entra. Después el regreso se ponía pelón porque había que brincar el muro y cruzar el desierto otra vez. Está canijo.

Por eso nos juntamos y en una ida al pueblo nos trajimos al santo. Tanto estar ya vas ya vienes para visitarlo y hacerle la fiesta en grande, y ya mero que por andarle haciendo a la devoción en una de esas no llegamos. Mejor que se venga él para acá. Total… allá no queda nada.

San Juditas estaba en la capilla del cerro. Allá lo teníamos bien arreglado y siempre con su ropita nueva, sus veladoras prendidas y alguna vieja que lo vestía y lo desvestía y le barría el piso.

Pero ya todos andamos por acá y aquello se mantiene con lo que le mandamos a los jefes. Ellos ya no se quieren mover, si no ya los tendríamos aquí. Ellos mantienen los campos sembrados y las tienditas con mercancía. Con la lana que les llega van construyendo la casa estilo gringo: alta, llena de cuartos y todo adentro. A lo mejor nunca la terminamos pero, así es esto. Y lo que sea de cada quien, nuestras casas son mejores que las de los gringos, de pura obra y acabados de verdad. No que las de por acá son de madera y todo de a mentiritas. Si se prenden se acaban, seño. Las nuestras a lo mucho quedan tiznadas, pero completitas.

Mi pueblo está en las faldas de la montaña. Enorme, llena de bosques y barrancas. Ya era un pueblito viejo que se estaba muriendo de soledad y pobreza. Poco a poco nos empezamos a venir todos y luego mandamos por nuestra familia, pero a los viejos no hay manera de moverlos de allí. Ni aguantarían la pasada. Por eso les mandamos dinero y vamos construyendo la casa.

Allá ellos están solos, pero a qué te quedas si no hay trabajo. Las fábricas están cerrando y las que abren pagan muy poco, seño. Apenas para irla pasando y ni pensar en progresar. ¿Y luego la troca?… no pos cuándo.

Pero eso sí, cuando le dijimos al coyote que queríamos pasar con todo y santo nos cobró también su cuota. Está acá con todas las de la ley. Nos decían que lo mandáramos por paquetería, pero cómo cree que íbamos a mandar a San Juditas como bulto en un camión. Y lo pasamos con todo y vitrina, seño. Si iba a estar por acá tenía que hacer el viaje completo, como un indocumentado más. Para que sepa de lo que se trata, si no cómo nos va a ayudar. Ya tiene hasta su green card falsa y toda la cosa. Bueno, hasta licencia de manejo le sacamos.

Y le hacemos la fiesta en grande. Toda la paisanada se junta y coopera para el baile. Ya sabe como es esto, seño: pretextos para la pachanga es lo que necesitamos. Algunos compas que formaron su banda se ponen con la música y entre todos ponemos lo demás. Comida y pomos nunca le faltan.

Pero no crea que todo le sale bien, seño. Ya nos debe algunas. Justamente cuando lo trajimos nos dejó a uno en el camino. Al Bule, que le decíamos, lo mordió una culebra y no hubo santo que lo salvara. Pero llegamos y le hicimos su primera fiesta. Y de allí pal real. Y sí nos cuida, cómo no, sí nos cuida. Ya hasta vienen de otros pueblos a visitarlo. Mejor le vamos a poner un santuario, porque cada vez viene mucha más gente. Resultó más milagroso que en el pueblo. Le hacía falta cambiar de aires, yo creo.

Allá mandamos dinero y seguimos construyendo la casa. Algún día nos vamos a regresar, seño. La tierra lo jala a uno. Pero con dinero, si no para qué. Con lo que mandamos llenan de luces el pueblo en la navidad. Todas las casas compiten para estar más iluminadas y se ve aquello bien bonito. Como colonia gringa, pero de las ricas. De veras que dan ganas de estar por allá y algún día nos vamos a ir, pero yo creo que sin hijos. Ellos ya son de acá; a veces ni español quieren hablar entre ellos. Yo siempre les hablo en español pero me ven como arcaico. Tienen acento gringo y todo eso, y lo poco que dicen lo cambian: son de los que parkean la troca en la marketa.

Pero aunque sea sólo y mi alma, yo si voy a volver, señito. Ya lo verá usted, yo si voy a volver. Y voy a vivir en mi casa gringa y la voy a llenar de luces en la navidad. Si acaso, algún día vendré por acá para las fiestas de San Juditas Indocumentado. Pero sólo de visita y con papeles.

luis david

 

Arrullo

De las montañas azules,
desciende un caballero
recolectando dinero
para comprarle camisas,
dulces, juguetes, sonrisas,
al niño de mis amores.

Olvida ya mis dolores
y duérmete, pequeñito,
que mañana el solecito
calentará mis pesares
y encontraré los lugares
para curar mis desvelos.

Están en ti mis consuelos,
mis cantos, mis alegrías,
tú eres mi compañía
eres mi campo florido.
Mi corazón dolorido
sabrá llenarte de vida.

Duérmete cosa querida,
descansa porque mañana
entrará por la ventana
el caballero sonriente,
traerá comida caliente
al niño de mis amores.

luis david

 

Meteoritos

Un domingo, merodeando por la plaza Xicoténcatl de Tlaxcala, me acerqué a un puesto en donde el vendedor, nahua de la sierra de Puebla, me ofrecía un montoncito de pequeñas rocas metálicas.

-«Son meteoritos, señor» -me dijo en su medio español- «Son hermanos de las estrellas del cielo»

Ni hablar. Le compré los tres que me parecieron más bellos. Cómo podía rehusarme con esos argumentos.

luis david

 

Tu cuerpo me sabe a mar

Tu cuerpo me sabe a mar,
a brisas y caracolas,
y a residuos de sal.

El sol, volado de oro sorprendido en las alturas,
deslumbra mis sentidos cuando el viento cauteloso
acaricia la piel de mi espalda que se agita
en el colapso de tus besos mitigantes,
con tu boca humedecida, respiración anhelante,
y con tu cuerpo desnudo resbalando entre mis manos.

Tu cuerpo me sabe a mar,
a palmas, arena, y coco,
y a residuos de sal.

La noche, manto infinito tachonado de luciérnagas,
resguarda mi aliento primario, mi sueño impaciente,
mi canto de sonidos elementales
que se eleva hacia lo alto para rozar los astros luminosos
de la oscuridad galopante que ilumina mi vida
porque a la luz de la luna tu cuerpo me sabe amar.

luis david