Blog

Los Peregrinos

Una barranca sin río
que parte en dos al monte
divide el horizonte
en maíz y caserío.

Por los terrosos caminos
cuajados de girasoles
van cantando los señores
las plegarias del domingo.

Ya se van los peregrinos
cargando ramos de flores
a contarle sus dolores
al Señor de Tepalcingo.

Los acompañan diez niños
que si se ven libres corren
a bañarse sin calzones
en las aguas del molino.

Ya tarde buscan un sitio
dónde encender los carbones
cuando el viento del norte
los va llenando de frío.

Con el canto de los grillos
se va pasando la noche
entre rezos y canciones
entre alcoholes y gritos.

Y los pobres pequeñitos
junto a sus padres se esconden
cuando los perros sin nombre
lloran su triste martirio.

Los despiertan con sus trinos
los pajaritos de bronce
cuando la luna se corre
de los campos matutinos.

Ya se van los peregrinos
cargando ramos de flores
a confiarle sus amores
al señor de Tepalcingo.

luis david

 

Muñequitas de Cristal

El sol extiende su brillo
en el cielo de la casa
y en la cornisa, a lo alto,
un pajarito les canta
a tres niños que inventan
los juegos de la mañana
con los mágicos juguetes
fabricados de la nada.

Un trocito de madera
es un avión que surcaba
en tiempos idos, lejanos,
los cielos de la cañada.
Y el niño vuela y revuela
entre las nubes de plata,
los mares de sal y espuma,
las montañas arboladas.

Las niñas buscan y encuentran
una caja abandonada
donde se cubren del frío
las muñecas olvidadas
que se amontonan vacías,
llena de polvo la cara,
esperando a las chiquillas
que escogen ilusionadas,
en un sin fin de colores,
a la princesa anhelada.

Las envuelven amorosas
en su ropita rasgada
y las liberan del polvo
con el vuelo de su falda.
Juegan las niñas felices
en el castillo de paja,
para subir a la torre
la escalera las llama.

Cuidado, niña, cuidado,
el sol dolido exclama.
En un escalón perdido
la pequeñita resbala
protegiendo con su cuerpo,
madrecita abnegada,
a la criatura brillante
que en mil pedazos estalla.

Por su mejilla doliente
una lágrima resbala
y la grana en su rostro
con agua de sal se lava.

No llores, niña bonita,
no llores, niña de mi alma,
no llores, Rosita linda,
el pajarito le canta,
que un ángel vendrá del cielo
para lavarte la cara.

La noche llena en silencio
los rincones de la casa;
el infinito oscuro
tiende su manto de lana
bordado de lentejuelas,
de espejitos de plata,
que cuidan el sueño dulce
de tres niños en su cama.

Muñequitas de cristal,
boquitas azucaradas,
receptáculos de luna,
de tierra, de sol, de agua,
juguetitos de las niñas
que viven un cuento de hadas.

luis david

 

Piedras Duras

piedras-duras

Romance de piedras duras,
camino recién andado,
dolores acobardados
vagando por la llanura
donde la fruta madura
a costa de mi sustento:
es mi cuento.

Lujo de tardes sombrías,
versos de sol y calor,
cantos de puro dolor
envuelven mis alegrías,
sombra de noches y días
y piedras en el camino:
mi destino.

Restos de fuego y de pena
rescoldo de mis hogares,
astillas en los sillares
y monumentos de arena,
lunas de romanza ajena
y coplas sueltas al viento:
mi tormento

 
 

Viñeta: Gerardo Ma. Aguilar Tagle «Tlacuiloco»
Poema: luis david

La Fortuna del Águila

Es una visita constante. Se deja venir desde la sierra del Tigre y allí, en La Fortuna, se dedica a dar vueltas sobre las huertas y los cañaverales en un ir y venir suave, sin prisas, casi melódico.

La figura majestuosa del volcán preside el paisaje y se refleja imperturbable en la superficie cristalina de la laguna de Zapotlán. Allá, a lo lejos, un rayo de sol se filtra por entre las nubes iluminando una figura caprichosa perdida entre las montañas. “Es la Media Luna” –me informa don Alfonso, el mismo que una vez tuvo que apagar allí un incendio que casi le cuesta la vida. “Desde Zapotlán el Grande se puede ver mejor la forma porque de aquí es tan sólo un cerrito más” –me dice apenado.

aguila-1Cuando recorremos el caminito de la Herradura, aparece de tanto en tanto sobre nuestras cabezas, siempre apacible, siempre vigilante. Aprovecha con maestría las corrientes ascendentes y, en una reserva magistral de energía, se mantiene en vuelo sin apenas aletear. Desciende en busca de algo y vuelve a subir o se aleja para aparecer de nuevo momentos después. “Son aguilillas” -me dijo una vez don Alfonso. “Estos son sus dominios, siempre han estado aquí”

La Fortuna está en la cola de la sierra del Tigre y eso, dicen los lugareños, le confiere condiciones climáticas especiales. Las aguacateras comparten el paisaje con los cañaverales y no es raro ver por allí algunos papayos llenos de fruta junto a los árboles de guayaba cuajados de aromas mágicos. El paisaje pródigo e imponente invita al recogimiento, a la contemplación y al silencio.

En las tardes, la laguna se transforma en un espejo que lanza contra mis ojos semicerrados toda la luminosidad hiriente del atardecer y, una vez pasado ese momento, se convierte en un espectáculo de sombras y colores caprichosos hasta que la penumbra gana la partida y la laguna se duerme envuelta en un manto negro arrullada por el canto de los grillos

Por las noches la profunda oscuridad es apenas rota por los reflejos lejanos de las luces de Zapotlán. El brillo impresionante de las constelaciones milenarias atestigua indiferente e inmutable nuestra presencia efímera y asombrada.

Cuando amanece, una gruesa placa nebulosa se asienta inamovible sobre la laguna hasta que los primeros rayos del sol la dispersan difuminando la campiña y haciendo que por unos momentos se desaparezca todo alrededor al quedar envuelto en un rocío volátil que navega envolviéndonos en su nubosidad acariciante y fresca. Cuando se despeja el panorama, los patos y las garzas regresan a poblar la superficie transparente del agua y el día se va inundando de sonidos familiares.

Y entonces vuelve a aparecer el águila. Su vuelo señorial y alerta nos acompaña durante la caminata por la Herradura recordándonos que estamos aquí sólo bajo la autorización especial que nos ha concedido para el día de hoy.

el-aguila

luis david

Soneto en X

Viajando en otro tiempo con mi ex,
vestidos, chocolate, otro choux,
visitas al palacio de el Dux,
la radio en la onda del Tex-Mex.

Tarjetas en la calle, puro «sex»,
con fotos de la antigua Wanda Seux,
y mientras rechecamos nuestra lux
me gritan en la calle: «¡Tú qué pex!».

Volteo y es mi buen amigo Max
-«¿Qué tú no recibiste ayer mi fax?»
Nos vemos en el rancho de los Fox

(que ya ni a buey le llega, puro ox)
Allá nos reventamos «Mambo en Sax»…
-«Ta’ bueno… ya no la hagas más de tox».

luis david

Soneto Arcaico

Muger de bellos ojos, piel divina,
que faze de mis noches un tormento,
muger que me revibe el sentimiento
del goço de su graçia palatina.

Muger que vi bajando la colina
do lleba a los dioses el sustento,
muger fatal de graçil movimiento
de olas, de gabiota, de marina.

Entono en mil voçes mi cançión
moça de gentil estampa, tan bella
que causa en mi alma desaçón

con sus finas maneras, fiel donçella,
porque al final desea mi coraçón
morir en un instante a lado della

luis david