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Romance de la soledad

La noche esconde mi sueño
en los linderos del alma,
donde duermen escondidas
las piltrafas de la fama.
Triste vigilia doliente
la oscuridad me regala
cuando las sombras deambulan
en los patios de mi casa.

-Mira que ya quiero verte,
que mi corazón te llama,
ven que la noche transcurre
y no concilio la calma.
Mira que mis manos tiemblan
al contemplarte, cigala,
dame tu rostro, morena,
mira que la noche es larga.

Triste soledad, penumbra
que obnubila la mirada
de la imagen que se filtra
a través de la ventana.
La luna yace dormida
en los reflejos del agua,
luz que navega en el tiempo
imperturbable del alba.

-Ven a mis brazos, morena,
dame tu existencia alada,
llévame a tu cuerpo dulce,
lléname de luz el alma.
Llévame a jugar contigo
por los bordes de tu cama,
déjame besar tu boca,
mira que la noche es larga.

luis david

De Noche

Desperté desorientado,
perdido en la angustia oprobiosa
que me oprimía el pecho con ansiedad,
que me despojaba del tiempo imperecedero
y la memoria de los insomnios tenaces
de mis noches en vela.
 
Tu presencia velada, inmaterial,
encubierta por la soledad agobiante
que me acompaña desde la lóbrega opacidad
de la penumbra,
se recuesta a mi lado,
fría, inerte,
atada a mis sábanas
y a mis alucinaciones.
 
Vivo rodeado de fantasmas,
sombras espectrales de recuerdos ominosos
que pululan alrededor de los espacios vacíos de mi mente;
presencias amenazadoras que llenan las habitaciones
y los corredores de la vieja casona de piedra gris;
niebla reptante que se desplaza silenciosa
en la sordina de la noche.
 
luis david

Tania

Desde lo alto del monte
vas triunfando, guerrillera,
la conquista de la luna,
la cañada y las estrellas.
En la ribera del río
atraviesas, centinela,
como el puma en la montaña,
la oscurecida arboleda.
El viento desconcertado
con tu rostro juguetea,
desordenando sin pausa
los hilos de tu melena.
El brillo de tu mirada
avizora la frontera,
el filo del horizonte
con la sonrisa dispuesta.

Tania que luchas de frente
por la libertad que acecha
nuestro futuro imperioso
y el calor de tu alma buena.

luis david

Décimas

 

Un fogonazo cobarde
al caer el mediodía,
y tu sangre se perdía
en el rumor de la tarde.
Es una llaga que arde
en nuestro pecho doliente,
es una mancha impaciente
que se estremece agorera
en la farragosa Higuera
de nuestro azote silente.

El arroyo en la quebrada
no pudo lavar tu herida,
ni pudo salvar tu vida
la visión esperanzada.
Más tu mano arrebatada
cual reliquia improcedente,
graba en la roca, insurgente,
la pisada de tu bota
y presagia la derrota
del imperio decadente.

luis david

Soneto

Soneto
 
El juego de volver el tiempo atrás,
al margen del pasado recurrente,
perdidos en los juegos de la mente
que mezclan los recuerdos y el azar.
 
Triunfal complicidad de lo fugaz,
elástica virtud, tiempo presente,
que va recuperando de lo ausente
la mítica memoria de la paz.
 
Refugio de aflicciones y venturas
de un tiempo ya perdido y añorado,
de viejas soledades y ataduras
 
agónicas, sin límite acordado.
Es puro navegar nubes oscuras
viviendo la nostalgia del pasado.
 
 
luis david

Romance triste

El viento llora en el bosque

el frío de la montaña

y se nos cuela en los huesos

al dormitar la mañana.

Cuántos puñales me hieren

como centellas heladas,

cuántas lunas desfallecen

entre las sombras del alba.

 

Ay, cuánto duele el silencio,

ay, que se me parte el alma;

ay, cómo lloran mis noches

sus angustias enterradas.

 

 

luis david

Romance Juanelo

La noche de plata y luna

tiende su manto en el cielo

con un puñal enterrado

en su desolado centro.

Es un dolor que empantana

la soledad del estero,

es un dolor que desborda

los márgenes del silencio.

Mórbida sombra que asombra

la crueldad del pensamiento

con un pálpito maldito,

con frío aliento de hierro.

 

Dónde te has ido Juanito,

dónde te has ido Juanelo,

dónde posarán tus ojos

tu mirada, bandolero.

Dónde encontrará nuestra  alma

el calor de tus encuentros.

Dónde te has ido Juanito,

dónde te has ido Juanelo.

 

Honda tristeza desgarra

la orfandad del momento,

la irreparable y desnuda

soledad de mi desierto.

Luna inmortal y doliente,

añoranza del destierro,

voz susurrante que flota

en este paisaje yermo.

 

Te has convertido Juanito

en el nocturno lucero

que ilumina el buen camino

y bendice nuestro cielo.

 

luis david

Ecos

Ya no tengo a la vista el destino,
mi camino no tiene un final;
es el mal que mi ser descompone,
pone en mi alma el sabor de la sal.
Cal y canto de honda tristeza
y en mi mesa no hay trigo ni pan.

 
No deseo llorar por tus besos,
esos viejos recuerdos se van,
dan color a los sueños dorados,
prados verdes y azul en la mar.
Par de labios, sabor de mi llanto
y el espanto de mi hondo penar.