El viento llora en el bosque
el frío de la montaña
y se nos cuela en los huesos
al dormitar la mañana.
Cuántos puñales me hieren
como centellas heladas,
cuántas lunas desfallecen
entre las sombras del alba.
Ay, cuánto duele el silencio,
ay, que se me parte el alma;
ay, cómo lloran mis noches
sus angustias enterradas.
luis david