No miro embelesado ni me alienta el fondo de la luna vigilante que lucra con el pájaro cantante al borde de la tarde somnolienta. No logra esa imagen que me sienta desnudo ante la noche acechante ni pierdo el sentimiento aberrante por más que con su pífano me mienta. No vibro ni siquiera cuando el llanto disuelve con sus lágrimas mi sueño ni quiebro mis anhelos ni me adueño del triste despertar de mustio canto. No miro ni recuerdo la mañana que vi llegar tu luna a mi ventana. luis david