Soneto

 

No miro embelesado ni me alienta
el fondo de la luna vigilante
que lucra con el pájaro cantante
al borde de la tarde somnolienta.

No logra esa imagen que me sienta
desnudo ante la noche acechante
ni pierdo el sentimiento aberrante
por más que con su pífano me mienta.  

No vibro ni siquiera cuando el llanto
disuelve con sus lágrimas mi sueño
ni quiebro mis anhelos ni me adueño

del triste despertar de mustio canto.
No miro ni recuerdo la mañana
que vi llegar tu luna a mi ventana.

luis david

 

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