
Eran los años de mi tierna juventud cuando en el Museo de Arte Contemporáneo de Morelia anunciaron una serie de conciertos para celebrar uno de sus aniversarios. Mis cuates y yo decidimos asistir a todos y armamos la palomilla para llegarle.
Hubo de todo: Rock, Blues, Jazz, Cuarteto de Cámara, Folklore Michoacano (que está de lujo) y un Recital de Música Concreta para Guitarra.
¿Un Recital de Música Concreta para Guitarra? Y eso qué es.
Pues nada, que nos ponemos de acuerdo para asistir y que ganamos lugar hasta adelante usando nuestra mejor cara de intelectuales esnobs (¿hay de otros?)
Salió el guitarrista y ocupó su lugar en el escenario y, sin decir agua va, que suelta una nota discordante seguida de otra y otra más y otras dos, y así nos tuvo por espacio de hora y media hasta que se levantó e hizo una profunda reverencia para que lo aplaudiéramos a rabiar.
Salimos del concierto con aire de perplejidad, mirándonos a las caras y tratando de emitir un comentario inteligente, con la seguridad de haber visto el traje nuevo del emperador.
Por fin, uno de mis cuates (el más tonto… ¡Obvio!), se atrevió a decir: “¡No mamen, ésas son chingaderas! A ese cabrón se le fue toda la función en afinar la pinche guitarra.”
luis david