Hay un juego de espejos que uno nunca sabe que lo está jugando. Simplemente sucede y cuando pasa ya está y punto.
En un momento del juego uno ya no sabe si lo que se refleja en el espejo es una alucinación o algo relacionado con el ilusionismo. Suele ser una metáfora que se desarrolla en los niveles profundos del inconsciente.
Lo grave de todo esto es cuando, con el paso del tiempo, el jugador se pierde en las imágenes repetidas y no puede reconocer al original. Es decir, quién vé a quién… cuál está dentro y cuál fuera del espejo.
Este complejo problema afecta el alma de los soñadores, los iconoclastas y los seres creativos que deambulan por la calle sin encontrar la puerta de salida hacia la realidad. Pero, y esta pregunta es importante. ¿quién quiere vivir la realidad?
La leyenda cuenta que el juego empezó en los tiempos remotos de la creación del mundo, allá en Teotihuacan, cuando los dioses se reunieron y decidieron probar opciones y echar a perder generaciones y generaciones de seres, hasta llegar a la masa primordial de donde habría de nacer la humanidad actual en el quinto sol, gracias a la intervención de Quetzlcóatl y su gemelo Xólotl.
A partir de allí se generó el juego de los espejos y cada uno de nosotros sabe que, en alguna parte del universo, debe haber una réplica exacta pero invertida de nosotros mismos. El chiste es encontrarla.
Algunos seres privilegiados tienen el don de nacer junto a su imagen y aquí es dónde la cosa se pone buena, porque todos sabemos que ya uno es mucho, pero dos… Eso requiere de un ángel guardian.
Solo en contadas ocasiones se logran conjuntar las matemáticas del universo para coincidir, en una misma selva, la imagen, la réplica y el ángel.
Esas son las pocas veces en que en el juego existe un ganador, o mejor, dos ganadores.
Mis amigos Gerardo y Agustín son de los privilegiados que alguna vez lograron ganar el juego de los espejos, aunque en la confusión olvidaron quién es cuál.
Yo en lo personal siempre he sospechado que uno de los dos es creatura del otro, o que, tal vez, ninguno de los dos existe y todo es parte de la mente calenturienta y creativa de alguna entidad que nos hace creer que lo de los gemelos preciosos es verdad.
En este maremagnum de ilusiones se llegan a dar encuentros o sincronicidades para conjuntar a otros locos sin redención que han de tener una misión en la vida porque, al menos, hacen mucho ruido.
Eso sucedió hace mucho tiempo con un Laboratorio de Teatro Experimental y Taller de Autoayuda llamado Mamá Z.
Si algún día escuchan un llamado desde las nubes, no hagan caso so pena de convertirse en estatuas de sal… es Mamá Z que canta desde lo alto del inconsciente colectivo. Pero no lo crean del todo… es sólo una ilusión producto del juego de los espejos.
luis david