soy un coyote,
fantasma que se esconde
entre los matorrales
de los montes de Tlaxcala,
devorador de lunas y de sombras;
soy un águila,
relámpago voraz que surca los cielos
de las Montañas Rocallosas,
nido de espectros y de piedras;
soy un salmón que desafía
las corrientes tortuosas
de los ríos helados del Canadá;
soy un guanaco,
entereza imperturbable
encubierta entre los palacios
del Machu Pichu;
soy un colibrí,
suspiro alado
que se suspende en el aire
por la magia del sol;
soy una cobra de la India
y un tigre de Bengala,
soledad imperial
desdibujada en la selva;
soy un cóndor,
vigilante de las alturas,
dueño de las nubes y del viento,
emperador de la cordillera;
soy un ciervo,
dorado perchero
que se desplaza majestuoso
por los bosques umbríos
de la sierra de Chihuahua;
soy un indio chichimeca
de los desiertos mexicanos,
tejedor de cestos,
cazador de estrellas;
soy un hombre blanco y barbado
en los lagos de Anahuac,
sembrador de linajes atormentados,
destructor de sueños y quimeras;
soy una hormiga,
soberbia constructora de galerías,
que se interna en la tierra seca
de las plantaciones del Perú
y se arrastra sobre las huellas
olvidadas de los Incas;
soy un humilde siervo
en las campiñas imperiales
de la Roma asediada
por los dioses bárbaros;
soy un ratón huidizo y tímido;
soy el enigma de mi tiempo
y estoy aquí.
luis david